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Un cielo que era a su vez el mar

17:06 Sonia Alejandra 0 Comments

Tuve un sueño. Un sueño en el que caminaba por los pasillos de mi antigua escuela, y me deleitaba viendo los rostros de viejos amigos y conocidos. Lo sentía todo tan familiar... Mis ojos llenándose lágrimas, sabiendo que nada era real, sin embargo, me permitía seguir en aquellas vívidas imágenes que pasaban frente a mí.


Como cualquier día -en aquel tiempo, debo decir-, subía hasta al segundo piso y me encontraba en el aula de cómputo. Tan amplia y con las paredes pintadas de un blanco brillante. Frente a las máquinas, habían alumnos con los dedos danzando sobre sus teclados. Me acerqué al escritorio, dispuesta a preguntar por mi amiga. El profesor no sabía dónde estaba, y de pronto, ya me encontraba corriendo escaleras abajo.

Había olvidado por completo que tenía que verme con ella en el patio de la escuela. Corrí, saludando a quien se cruzase por mi camino. Noté -mientras recorría la escuela por completo- al prefecto de la escuela, moreno y alto, con su amplio bigote negro debajo de la nariz. Alzó la mano, devolviéndome el saludo.

Llegué a la entrada del patio. Ella se encontraba mirando la cancha, viendo correr a unas personas. El cielo estaba tan azul y despejado...

-Es tan hermoso... -dijo ella, admirando el cielo.

Yo asentí.

De pronto, el cielo comenzó a oscurecerse. Nubes grises comenzaron a arremolinarse sobre nuestras cabezas. Y luego, todo el cielo estaba completamente oscuro, con las estrellas tan brillantes que casi parecían diamantes. Estaban tan cercanas que casi podía sentir que las tocaba con la punta de mis dedos. Abajo, en la cancha, habían algunos alumnos corriendo. Y de pronto, las estrellas reflejaban luz hacia ellos, miles de puntitos plateados iluminaban sus cuerpos, casi como si se tratase de una bola disco.


Y luego, el cielo se transformaba en un enorme mar de color azul intenso. Las estrellas habían desaparecido ya. Y de pronto, la sombra de una gigantesca mantarraya pasaba sobre nosotros.


Ella admiraba todo, con los ojos brillosos. Y yo me sentí feliz de estar a su lado, una vez más después de tanto tiempo.

La sombra de un pajaro gigante venía hacia nosotros. Ella me miró, y me sonrió. Yo también le sonreí.

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