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SURREAL: Memorias de una loca "ÉL"

12:05 Sonia Alejandra 0 Comments

Supongo que esta es una "serie" que he decidido continuar tanto para novela de mi autoría así como también para este blog. Y es que no puedo evitarlo, son mis pensamientos reales y es como si estuviera escribiendo mi vida así como lo hago aquí D:

ÉL

Estaba pensando en él… o mejor dicho, ella estaba pensando en él. Estaba muerto y el culto en la iglesia aun no empezaba, pues había llegado media hora antes. A penas se divisaban personas, y las que ya estaban ahí se encontraban rezando por sus almas. A ella y a mí nos pareció patético, pero no dijimos nada. Estaba de pie junto a nosotras, viendo fijamente hacia el frente.
 Yo sabía que todo era parte de su imaginación pero igual me sorprendió el hecho de que él estuviera muerto. ¿No pudiste imaginarlo de otra forma?, le pregunté, no, así está bien.
 Él era alto, por lo que alcé la vista para apreciar mejor su rostro blanco como si fuera de porcelana.
 –¿Qué haces aquí? –inquirí sorprendida, con el ceño fruncido.
 Ella lo obligó a mirarme y sonreírme, pero no me respondió.
 –¿Qué haces aquí? –le pregunté una vez más a su barata y falsa proyección que por supuesto era obra de ella.
 –Sólo estoy aquí –respondió con una voz muda, que no existía, pero sin embargo sabía que lo había escuchado.
 Nunca lo había oído hablar, para ser sincera, por lo que no conocía su voz, no sabía cómo era. Pero como ella era tan lista se las había ingeniado para hacerlo hablar de una forma que me pareciera familiar, en la que no sospechara nada… Ella cree que soy tonta pero no es así, ella es la tonta por creerlo.
 Asentí y mis ojos se dirigieron al muchacho de cabello negro y traje negro, otra falsa proyección. Su mirada se encontró con la mía, aunque era un chico sin rostro, pues jamás lo había visto detenidamente. Pero teníamos una vaga idea de cómo era: rostro ligeramente pálido y delgado, ojos grandes, labios carnosos, nariz casi perfecta… ella siempre se las ingeniaba… La forma en la que nos miraba me desconcertó, sabía que yo estaba actuando extraño y que algo andaba mal.
 –¿Cómo me encontraste? –pregunté sin dejar de mirar al chico de traje negro.
 –Me mudé aquí. Estoy muerto… –soltó de repente.
 Yo ya lo sabía, pero ella decidió preguntarle para enfatizar el asunto.
 –Sí, tócame.
 Me negué.
 –Hazlo.
 Pasé delicadamente mi mano por su estómago y me percaté de que lo atravesaba, era como exponer la mano hacia la nada, hacia el sucio aire que a diario respiraba.
 Luego me quedé quieta en mi lugar, sin dejar de mirar a aquel chico nuevo de traje negro que había tomado el lugar de él… porque bueno, él ya no estaba, se había ido y no podía detenerme por él, no podía. Le sonreí al chico y a “él” no pareció importarle porque sonrió, estaba feliz de que yo comenzara una nueva vida.
 El chico me devolvió la sonrisa y en ese momento mi mente carburó y me di cuenta de lo tan parecidos que eran ambos: cabello negro, a excepción de que él lo tenía corto mientras que el chico de traje negro lo llevaba un poco largo, casi estilo emo, rebelde, no lo sé; delgados, altos, pálidos… callados. Tal vez lo había escogido porque se parecía a él, porque me recordaba a él…
 –Me tengo que ir –susurró.
 Me di cuenta de que ella estaba tratando de abandonarlo porque sabía que jamás volveríamos a verlo y que no tenía caso el seguir guardando un recuerdo que más adelante no íbamos a necesitar. Le rogué que no lo hiciera porque de alguna forma él había sido parte de nuestra vida, lo habíamos amado, ambas lo habíamos hecho con todas nuestras fuerzas aun si no recibimos nada a cambio. Le dije que no lo hiciera porque de verdad lo quería y no podía perderlo, no podía olvidarme de él.
 Ella me dijo que había otro, que era el chico del traje negro, el cual aún me miraba atento, esperando alguna respuesta concreta por mi parte. Él también se hizo a un lado, mostrándome al nuevo, al chico que iba a querer. Negué con la cabeza y me aferré a su presencia porque no quería que se fuera…
 –Es hora de que me vaya –dijo con una sonrisa que me reconfortó–. Es hora de que me olvides porque yo ya no estaré ahí para ti. Lamento si te hice perder mucho tiempo, lo siento.
 –No quiero que te vayas…
 –Tengo que hacerlo, ya no me necesitarás.
 –Prométeme que vas a regresar, te necesito.
 Él bajó la mirada y supe que si lo dejaba ir jamás iba a volver a verlo. Pero tenía que hacerlo por mi bien, por nuestro bien, porque no necesitábamos estar pensando en una falsa esperanza, no podíamos seguir aferrándonos a algo que no iba a ser posible…
 ¿Cuántas veces tengo que decir que de verdad lo quería?
 De verdad, de verdad, de verdad… De mis ojos emanaron lágrimas y lo abrasé por última vez.
 –Te quiero –susurré.
 –Adiós.
 Y él desapareció. Dejándome al lado del chico de traje negro, el cual tomó mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. Aquella acción por parte del chico no era por romance ni nada, no significa nada más que un nuevo comienzo.
 –Adiós –pensamos ambas viéndolo alejarse por las puertas blancas.
 Un nudo se hizo en mi garganta. Ya no iba a volver y tenía que aceptarlo.
 Caminó hasta que desapareció, pero no me derrumbé, porque sabía que me estaba otorgando una nueva oportunidad. Me obligué a mí misma a mirar al chico del traje, le sonreí, pero esta vez la sonrisa fue sincera.
 –Hola –le dije.
 –Hola –me respondió con una voz muda.
 Ahora tenía que ocuparme de él. De conocerlo en MI MUNDO.
 Ella asintió y se desvaneció en el aire, dejándome sola.
 Di un gran suspiró en ese mundo y abrí los ojos en el mío. Estaba rodeada por cuatro paredes color melón, el ventilador soplaba hacia mí y luego giraba, las ventanas estaban ligeramente abiertas y las sábanas me cubrían los pies. Me había ido del lugar en donde los sueños se hacían realidad, me había ido del lugar en el que mi vida era perfecta, me había ido del único lugar en el que podía verlo… Había entrado a mi realidad.


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